
Ayer en la Feria del Libro de Santiago, el autor transandino A. G. Roemmers presentó El regreso del joven príncipe, volumen que imagina el retorno del Principito a la Tierra. El libro fue certificado por la Fundación Saint-Exupéry.
Tenía 11 ó 12 años cuando llegó a sus manos una copia de
El Principito. Quedó impactado. Tanto que quiso escribirle una carta a
Antoine de Saint-Exupéry diciéndole que su personaje había regresado: "Sentí que yo era El Principito", recuerda el poeta argentino
A.G. Roemmers. No iba a ser una identificación cualquiera. Cincuenta años después, tras desechar una autobiografía y un libro de autoayuda, se decidió por lo que pareció más sencillo: una continuación del clásico de Saint-Exupéry. "Sabía que si alguien podía hacerlo, era yo", dice.
Escrito en apenas nueve días, El regreso del joven príncipe (Grijalbo) se convirtió en un fenómeno de ventas en Argentina. El libro imagina a un Principito ya cercano a los 20 años que deambula por la Patagonia. Ahí, lo recoge un solitario conductor con quien inicia un viaje por el fin del mundo. En realidad, es un viaje espiritual. El volumen será presentado hoy por Roemmers, poeta y empresario del rubro farmacéutico, en la Feria del Libro de Santiago a las 19.30, junto a un panel que incluye a Alejandro Guillier y Fernando Villegas.
UNA HISTORIA SENCILLA
"Libro sanador", en palabras de su autor, es especial: cuenta con la esquiva certificación de la Fundación Antoine de Saint-Exupéry. No fue fácil. Cuando Roemmers decidió escribirlo, sus abogados le informaron que tras 50 años los derechos del personaje eran libres. Nadie podía impedirle escribir una segunda parte de El Principito. Sin embargo, dos años después las leyes cambiaron: la norma subió a 70 años. El libro estaba impreso, a días de lanzarse, cuando la fundación le aclaró que podía poner esa tirada en la calle, pero que se olvidara de reediciones o traducciones.
Roemmers tuvo que aceptar. El libro circuló escasamente y luego desapareció. Ocho años después, a través de un amigo, pudo hacerle llegar una copia a Frédéric D' Agay, presidente de la fundación y sobrino nieto de Saint-Exupéry. Le bastó leerlo para darle el visado oficial: "Correspondía pues a un argentino ofrecernos su comprensión del Principito, logró retener las enseñanzas de este libro, de todos los libros, sobre el camino de la espiritualidad. Este libro es un lazo exuperiano hacia los demás", se lee en el prólogo firmado por D' Agay.
Con ecos poéticos, El joven príncipe es más que un relato: es un mensaje espiritual. "Traté de hacer una historia muy cotidiana, nada raro, ningún argumento muy rebuscado, porque yo creo que las verdades más grandes justamente son sencillas. Justamente lo que yo estoy tratando de enseñar es la forma de ser feliz en este mundo", dice.
EN BUSCA DE LA FELICIDAD
Roemmers habla desde la experiencia: debió aprender a superar una solitaria tristeza que lo acompañó hasta pasados los 20 años. "Tuve que iniciar un camino espiritual profundo para salir de eso y estar realmente bien", dice. Y añade: "En el libro, el conductor es el que yo era a los veintitantos años y el Principito es el que yo soy ahora. Antes yo entendía muchas cosas, a lo mejor hasta podía explicarlas muy bien, pero no lograba aplicarlas. Pasar del entender a la emoción lleva muchos años. Es la diferencia entre la inteligencia y la sabiduría", dice.
Basado en diálogos entre el conductor del auto y el Principito, El joven príncipe está construido sobre relatos y reflexiones. El tono es este:
"Serás feliz si amas y perdonas, pues de ese modo serás amado y perdonado". O:
"Hay una sola forma de cambiar el mundo y es cambiar uno mismo". Según Roemmers, es un libro "terapéutico". Y concluye:
"Es muy bueno para empezar tu vida, te da un panorama general. Y si te estás yendo, por ahí te ayuda a despedirte de la vida".
Fuente: latercera.com
El regreso del joven principe